|
Muchas, muchísimas son las razones
que me llevan a andar descalza: un profundo sentimiento
y deseo interior instintivo que me impulsa a actuar
así, principalmente; un resultarme antinatural
e incordiante y perdida de tiempo el levantarme
y calzarme cuando no me pongo ninguna otra prenda
de vestir, una gran sensación de libertada al
poderse "expandir" mis pies y con ellos mis raíces.
A lCualquier dependencia material
o emocional coarta la libertad y conlleva consecuencias
de amplios grados de las que muchas veces no somos
conscientes hasta que rompemos con ellas; el sentimiento
de una gran liberación en los pies y en la espalda
al no llevar constantemente peso y al realizar
todo el juego del movimiento de la planta, teniendo
mejor apoyo y fortaleciendo, con ello, los músculos
de los pies, piernas, glúteos y espalda.
La grandiosidad en sensaciones
y sabiduría que me ofrece el tener una mayor consciencia
de mis actos, sintiendo a mis pies en todo momento,
así como la temperatura, humedad y textura del
suelo parado, una mayor integración con la naturaleza,
sus orígenes y mi esencia, evitando con este acto
una mayor contaminación y sufrimiento tanto de
los animales como del planeta al emplear mínimamente
objetos realmente no necesarios y devastadores
en su elaboración, transporte y futuro desecho
(zapatos), un convertir en ritual y espiritual
algo prácticamente consumista (calzarse), un ahorro
bastante considerable de dinero, una mayor integración
con las energías del entorno canalizadas a través
de mis pies, un mejor intercambio de iones positivos-negativos
entre un cuerpo y la tierra, consiguiendo con
ello un mayor beneficio energéticos y extrasensoriales
permitiendo también la descarga electrostática
de mi cuerpo, el beneficio de un masaje constante
en mis diversos órganos internos mediante la relajación
que tienen con ciertos puntos de acupuntura en
las plantas de los pies, y seguro que muchos otros
aspectos más que me dejo en el tintero y encontraríamos
reflexionando al respecto.
Contrariamente a lo que a primera
vista puede parecer, mis pies no son callosos
sino almohadillados como las plantas de un animal
que soy, puliéndose al andar, poseyendo una increíble
sensibilidad en todos los puntos. También mis
pies han aprendido a ver sin mis ojos mirar, evitando
ellos solos objetos cortantes o desagradables
(basura, defecaciones, cristales, manchas de grasa,...).
¿Qué hago cuando tengo frío?
Pues me pongo calcetines solamente o me calzo
pero no empleo el calzado por sistema e inercia
sin consciencia.
Si quieres andar más tiempo
descalzo es normal que al principio tus pies se
resientan (no son fuertes). Dales su tiempo sin
forzarlos y, poco a poco, ellos solos te pedirán
más tiempo para estar liberados de esa cárcel
que son los zapatos. En tan solo tres meses, notarás
cambios en tu humor y en tu salud.
Disfruta de tus pies!!!!
Nuria Aragón Castro
|