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Si a cualquiera le dicen: "Vente
a un terreno perdido que está a más de 100 km.,
que pertenece a Ávila, allí vas a currar picando,
llevando piedras y además no se trata del terreno
de una amiga, sino solo de una socia desconocida,
y además está lloviendo y hace frio y por lo tanto
olvídate de tomar el Sol...", el resultado esperado
puede ser desastroso ¿no opináis así?.
Pues NO, estamos equivocados.
A pesar de todo, el domingo día 23 de Septiembre
se presentaron 8 socios en el terreno de Nuria
y sólo 2 eran de la Junta Directiva, Juan y Carlos.
Tuvimos un ingeniero, Carlos
J.; un currante nato que podéis ver en la foto
con sus herramientas en alto, Vicente; apoyo más
que moral por parte de Silvia a pesar del mal
estado de su espalda; la psicóloga Rebeca no tuvo
que intervenir como tal. Pepe y Eduardo eran incansable
en equipo, mientra uno picaba, el otro transportaba
las espuertas de tierra.
Y entre todos se venció por goleada
al tiempo y a la dura tierra.
Fue un día inmemoriable en donde
se demuestra que el naturismo es algo más, es
amistad y colaboración.
Y la aventura continuó el domingo
7 de octubre. Esta vez con buen tiempo, Pepe encabezó
los entrenamientos del incipiente grupo de atletismo
de A.D.N., son su sofisticado pulsómetro a la
muñeca y al pecho.
Pronto los asistentes fueron
prescindiendo de la ropa mientras un grupo se
acercaba al pueblo a por las viandas para la enorme
paella vegetal-integral que se preparaba. Carlos
Gil dirigió con maestria a los pinches, mientras
que Nuria preparaba las ensaladas. Suka entre
tanto jugaba con las niñas de Carlos que recogían
almendras y uvas. Otros preparaban mosto con una
prensa artesanal: más de diez botellas se llenaron
a lo largo de la mañana del nutritivo y dulce
elixir. Entre tanto Silvia nos contaba el accidente
de coche que sufrió en su venida, y aunque a ella
no le pasó nada, no podemos decir lo mismo de
su coche. Pepe y Yolanda se enfrascaron en una
divertida discursión sobre tantrismo, mientras
una visita de unos vecinos argentinos se convirtió
en una continua alabanza de nuestro estilo de
vida: quedaron impresionados.
Por la tarde apareció Vicente
(el abogado) y durante la tarde, algunos de nosotros
se quedaron para seguir trabajando, pero esta
vez, un socio vino con un martillo eléctrico con
el que intentamos doblegar a la dura roca que
se resistía.
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