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En este artículo voy a hablar del veganismo.
(No ingesta
de productos animales). En el siguiente, del porqué
crudos.
La alimentación juega un papel primordial
en el mantenimiento
de la salud. Aunque esto que te-os voy a comentar
ahora pueda resultaros un tanto extraño,
su conocimiento
y asimilación resultó crucial en
mi vida, influyendo
tanto en mi alimentación y salud como en
la de mis
hijos. Primero mi instinto y experiencia me llevó
a ello,
más tarde tuve la suerte de poder racionalizarlo
e intelectualizarlo
ayudándome a integrar dicho saber en mi
ser
y hábitos de vida, conociendo a mucha gente
de diversos
sectores sociales afines a este saber, con gran
experiencia
ya en dicho campo. El dato es el siguiente: el
ser humano
no es omnívoro como nos dijeron tantas
veces de chicos
en la escuela, sino frugívoro. Sí,
he dicho frugívoro
como los primates que somos. Muchos son los datos
científicos
que llevan a afirmar este conocimiento ya muy
antiguo.
Las razones fisiológicas para definir al
ser humano como comedor de productos vegetales
son muchas. Cierto que el ser humano ha ido cambiando
con los años y evolucionando pero hay una
única realidad que son las características
anatómicas actuales. Aunque el ser humano
ha ingerido carne en los últimos años
de su existencia (cuando hablo de carne me refiero
a productos animales: carne de animales terrestres
y aves, carne de peces, huevos, leches, quesos,
yogures...), son muchísimos más
los años que en su proceso evolutivo se
ha alimentado a base de frutas y verduras crudas.
El ser humano puede mover su mandíbula
no solo de
forma vertical como los carnívoros, también
de forma
horizontal facilitando la molienda de frutas,
semillas y
frutos diversos. Nuestros colmillos apenas asoman
de los
demás dientes no siendo excesivamente puntiagudos.
Si
me diesen un conejo entero, mi boca no está
muy preparada
que digamos para desgarrar correctamente la carne.
Tampoco creo que me gustaría el bolo
que se crearía en
la boca. Mi psique tampoco está preparada
para ello.
Nuestras glándulas salivares son de gran
tamaño, al igual
que otros frugívoros, jugando éstas
un papel muy importante
en la predigestión. Nuestra saliva y orina
son ligeramente
alcalinas. Los animales que se alimentan de otros.
animales poseen una
orina y una saliva ácidas.
Los animales
carnívoros (mejor
dicho, omnívoros
pues por lo que he
podido ver también
ingieren hierbas y frutas
diversas) tienen la
capacidad de poder
respirar a través de su
lengua. En cambio,
nosotros los frugívoros,
lo hacemos a través
de la piel. En
nuestra digestión
apenas elaboramos
ácido clorhídrico por
lo que no podemos
descomponer bien
las carnes en unidades
más pequeñas no
dañinas. No podemos
elaborar la enzima
uricasa, encargada de
disgregar el ácido
úrico de los productos
animales, convirtiéndose
éste en un
gran problema causando
grandes estragos
en nuestra salud.
Tan solo tenemos un
estómago, no varios
como los rumiantes
herbívoros y éste
acaba en el duodeno, propiedad no visible en los
animales
omnívoros. Nuestras mucosas estomacales
son muy
débiles por lo que se dañan fácilmente
con los ácidos provenientes
de una alimentación animal. Para mí
lo más
crucial de la anatomía son los intestinos.
Estos son muy
largos y rugosos siendo el colon (parte última
de ellos)
enrollado. El que sean largos y rugosos no es
porque sí.A lo largo de los siete metros
del intestino delgado se
absorben los nutrientes de los alimentos gracias
a las
vellosidades, los entrantes y salientes de la
parte interna.
La intención es que el alimento pueda entrar
en contacto
con la mayor superficie del intestino posible
para absorberse
completamente. Si fuese liso, su superficie disminuiría.
Los nutrientes tienen que ponerse en contacto
con
las microvellosidades para absorberse y luego
atravesar
las células de las mismas para pasar a
la sangre o a la linfa.
De este modo, se desperdicia una cantidad de ingestamínima.
En cambio,
los animales carnívoros
poseen un intestino
muy corto y liso
con la intención de
que el alimento se
mantenga muy poco
tiempo en su interior
evitando con ello
pudriciones y fermentaciones.
Uno de
los grandes y abundantes
problemas de
salud que existe en la
actualidad es el de los
desarreglos intestinales.
Los cereales y
en especialmente el
pan blanco crean una
especie de masa
pegajosa como el
pegamento que se
adhiere a las paredes
intestinales no permitiendo
que estos
absorban bien los
nutrientes, necesitando
de este modo
ingerir más de la
cuenta, dilatando el
estómago, creando
fiebre estomacal y
taponando o empequeñeciendo
la parte
interna del tubo
digestivo. Si a esto le
añadimos la ingesta de productos animales,
estos se mantienen
en nuestro interior tanto tiempo que se pudren
y
fermentan. Las bacterias intestinales (flora)
actúan sobre
los azúcares produciendo fermentaciones
sobre las proteínas
(principalmente animales) apareciendo indol y
escatol, responsables del olor de las heces y
gases que distienden
el intestino y molestan, síntomas de una
malasalud, de enfermedad. Los tóxicos resultantes
son absorbidos
por los intestinos pasando a la sangre y creando
más daños. El vientre se hincha
presionando el corazón,
los pulmones y otros órganos. Grandes conflictos
parten
de aquí. Si os fijáis también
en la forma de nuestras
manos, estas no son garras para desgarrar ni pezuñas
como las de los herbívoros. Están
perfectamente adaptadas
para coger fruta y subirnos a los árboles.
Nuestras
piernas no son lo suficientemente veloces como
para
ganar a la carrera a animales herbívoros
ni correr a tanta
velocidad como los carnívoros. En cambio,
son ágiles,
muy ágiles.
En nuestra cultura occidental sobre todo, basada
en gran
medida en el poder económico del materialismo,
así
como en la prepotencia y egocentrismo del ser
humano,
tendemos a tener unos hábitos de vida y
alimenticios muy
insanos que no queremos cambiar. Nuestro ser se
suele
hallar bloqueado y aunque sí tendemos a
ampliar nuestro
intelecto, nos cuesta indagar en el saber de nuestro
yo
más profundo, coger las riendas de nuestra
propia vida,
costumbres, alimentación, educación
y espíritu y dirigirlas
con sabiduría, intuición y consciencia,
en vez de delegarlas
a terceros normalmente institucionalizados y con
gran poder económico y social.
Actualmente se tiende a confiar en que todo lo
que hay
en el mercado se puede comer sin riesgo para nuestra
salud y la de nuestros hijos y si ésta
se debilita, ingerimos
cualquier cosa que nos ayude a cerrar los ojos
y paliar los
síntomas de la crisis depurativa que nuestro
organismo
está sobrellevando con el fin de seguir
comiendo y
haciendo exactamente lo mismo que hacíamos
anteriormente,
que hacían nuestros ancestros o que nos
han enseñado
a realizar en la niñez en vez de intentar
tomar consciencia
de los porqués desde un punto de vista
más profundo,
asimilando las respuestas y cambiando y evolucionando
en nuestros hábitos de vida, mentales y
alimenticios,
sirviéndonos de apoyo para ser cada vez
un
poquito más sabios.
Resulta realmente difícil cambiar la alimentación
materna,
pero es posible. Si tienes claro el camino, todo
llegará,
tan sólo hay que dejarse llevar. No te
sientas mal si a
veces tu fuerza de voluntad flaquea, es normal.
Lo importante
no es donde estamos sino a dónde miramos.
No es
el lugar sino el sendero. Ya haces mucho con cambiar
pequeños detalles. Disfruta de ellos.
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