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Estimados señores... que
se manifesta-ron ayer, en porreta y ya con una
edad, ante las puertas de El Retiro... no sé
si sería capaz de recordar sus caras hoy,
ya vestidos de oficinistas, de profesores, de
responsables cuidadores de una guarde-ría
infantil. Lo suyo sí que ha sido una protesta
con fundamento y en toda regla, de las que traen
cola (con perdón). Con su queja han puesto
en solfa una de las paradojas de la sociedad moderna:
la naturalidad asustas y luego molesta. En el
calendario cósmico, el hombre no ocupa
una mota de polvo, y vestido como lo entendemos
ahora, menos de la cuarta parte de esa pelotilla.
Como dijo aquella señora británica
del siglo XIX, al conocer las noticias de Darwin:
"Si el hombre procede del mono, ocultémoslo".
Su naturismo despelotante propone una vuelta a
los orígenes que no debería asustar
a nadie. Tampoco es que ustedes obliguen a la
gente a desnudarse por mayoría absoluta.
Lo que buscan es un rincón en una piscina
municipal, a ser posible protegido de los curiosos
y bobalicones a los que les entra la risa fácil
al contemplar la vega ajena. No se trata de perseguir
como sátiros a las inocentes vírgenes
de las piscinas públicas, ni de cortar
el hipo a las ancianas venerables que dan la merienda
al nieto. En un mundo tan lleno de cuotas
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- que son otra manera de ocultar
la verdad en forma de estadísticas -, reclamar
desobediencia textil no tendría que resultar
un escándalo. El mono desnudo exige un
lugar en el espacio para disfrutar del sol urbanita
por sus poros abiertos. Tampoco piden transitar
en mangas de nada por Madrid. Una ciudad es un
entramado demasiado complejo como para no llevar
ropa: ¿dónde ponen las llaves?,
¿y el bonobús?, ¿dónde
guardas el carné de identidad?, ¿
y el cambio en euro, con lo coñazo que
resultan esas monedillas sueltas, también
llamadas eurípides?. Además resultaría
incómodo tropezarse en el autobús
con protuberancias extrañas: "Disculpe,
señora, pero su bolso de cocodrilo me ha
mordido la moral". Su protesta debería
ser atendida por la autoridad, sobre todo por
su bien. Dentro de poco se instalará el
otoño y ya el clima se enturbia. Si convocan
el mismo acto en un domingo de noviembre, la asociación
se diezma por el tremendo catarro que iban a agarrar
ahí mismo. Aunque se hayan encontrado con
miradas insólitas, saben que cuentan con
el apoyo del madrileño, que es un ciudadano
sensible y que reconoce que la verdad como la
poesía que amaba Juan Ramón, siempre
se manifiesta desnuda.
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