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PRIMAVERA 2003
8. Menorca en Velero
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Mi Experiencia: MENORCA EN VELERO, por Alfonso Ayuso  

     Todo comenzó el primer Sábado de Febrero, al salir de la piscina de Lago, me propusieron recorrer La costa de Menorca en un velero. Habíamos conocido a Bob (El patrón del velero) en FITUR, visitando el stand de A.D.N. y parece que allí nació la idea del velero naturista en Menorca.
      Al principio me quedé un poco extrañado, apenas nos conocíamos, pero la idea me gustó mucho, y unos cuantos días después, ya estábamos organizando las fechas, los vuelos, etc. Sólo quedaba esperar…

     ¡Por fin llegó el día! Y tras un agradable vuelo y una desagradable azafata, allí estábamos, los cuatro marineros novatos, en Maó. Nada más salir del aeropuerto, Pili y Bob nos estaban esperando, y tras una calurosa bienvenida, nos llevaron al puerto donde estaba amarrado el velero, para dejar el equipaje y tomar un aperitivo que habían preparado. Esa primera tarde, la dedicamos a comprar provisiones y a pasear por Maó, ninguno de nosotros habíamos estado antes en Menorca. La tarde estaba nublada, esto nos hizo pensar que íbamos a tener mala suerte con el tiempo, porque nos comentaron que llevaba así toda la semana. Y así, paseando, llegamos de nuevo a nuestro velero. Una cosa que a todos nos llamó la atención es que en Menorca todo lo encontrábamos abierto, el velero abierto, los coches abiertos, las casas con las puertas abiertas, está claro que no tienen problemas de inseguridad ciudadana.

     El día siguiente (y los demás días también), amaneció espléndido, un sol radiante, el cielo despejado, y una suave brisa que invitaba a navegar, y nada más llegar Bob al velero, él nos sugiere los lugares que podemos visitar, las calas para tomar el sol y bañarnos, las pequeñas islas, las calas donde pasar la noche, siempre dependiendo del viento y el estado de la mar, pero siempre con acierto. Y así empezamos a navegar, ninguno de nosotros sabíamos nada de veleros, pero tras unas nociones básicas y explicaciones que Bob nos dio, allí estaba yo, en el timón y los demás ayudando a Bob con las velas. Parece mentira la velocidad que llevábamos con tan poco viento. Mientras, Pili desde tierra nos hizo unas fotos saliendo del puerto, ya estábamos sin ropa, ¡qué sensación tan agradable! Pusimos rumbo a la isla del Aire, y una vez allí, y el barco anclado, empezamos a disfrutar del agua, a mí me impresionó el color azul turquesa del agua en zonas poco profundas, nunca había visto nada igual, te invitaba a zambullirte… Otra sorpresa, el agua estaba a 20 grados aproximadamente, la verdad es que esperábamos que estuviera más fría. Así que terminamos todos en el agua, y después de ponerte las gafas de buceo y el tubo… ¡Qué maravilla...!¡Qué fondo…!, el agua es cristalina, había unos diez metros de profundidad, y veíamos el fondo, los peces de colores, alguna anémona, algas, y hasta una medusa enorme que estaba a unos veinte metros, daban ganas de quedarse allí. Al salir del agua vimos que había llegado otro barco, y también estaban desnudos, el lugar invita…

     Después de comer, fuimos a la isla a ver unos lagartos pequeños que existen sólo allí, que tienen la particularidad de que son totalmente negros, la isla estaba llena de lagartos. El resto de la tarde, de vuelta a Maó a pasar la noche en una cala cerca del puerto, un lugar protegido.
     El día siguiente, lo dedicamos a descubrir la costa noreste, rumbo a la isla Colom, donde fondeamos para hacer una excursión a tierra, nadando, y estar un rato en la playa.
 

     Después de una suculenta barbacoa en el barco, continuamos navegando hacia Fornells, para pasar allí la noche. Al llegar a Fornells, el servicio meteorológico nos da malas noticias, se espera Tramontana esta noche.

     Después de una noche muy movida, por la fuerza del viento, bajamos a tierra para comprobar el estado de la mar desde el otro lado de Fornells y tal y como estaba la situación, decidimos no salir a navegar. Pasamos la tarde en una cala, dentro del puerto natural de Fornells, un lugar muy solitario, donde sólo encontramos una pareja, eran Franceses, muy amables por cierto. Volvimos al puerto para pasar la noche, esperando que mañana la mar estuviera más tranquila…

     El día siguiente, iba a ser un día inolvidable, repleto de nuevas experiencias. Comenzamos el día con el servicio meteorológico, de nuevo malas noticias para nosotros, había fuerte marejada a mar gruesa y viento de fuerza 6, yo no tenía mucha idea de lo que esto significa, hasta que lo pudimos comprobar… Bob nos recomendaba no salir a navegar, pero ya estábamos un poco aburridos en Fornells, y decidimos salir, entonces Bob nos advirtió que si salíamos del puerto, no podríamos regresar, con ese viento. La verdad es que todo esto asustaba un poco, pero aun así, ¡allá vamos! La salida del puerto, fue el peor tramo, las olas eran de unos 3-4 metros y cada vez que pasábamos una ola, nuestra compañera de viaje gritaba una y otra vez y decía: ¡No lo puedo evitar, es como la montaña Rusa! Al cabo de un rato, el cuerpo se acostumbra a ese movimiento, y hay quien tiene humor para ponerse a grabar vídeo, incluso Bob bajó a la cocina para hacer café (aún no me explico cómo, con ese movimiento…). A la mitad de la travesía, Bob nos dice (supongo que para dar ánimos) que si no nos hemos mareado con esa mar, no nos marearemos nunca en un barco, porque las olas allí eran de unos 6 metros. Por fin llegamos a Ciudadela, habíamos hecho la costa norte y parte de la costa oeste en 5 horas, sin poder visitar las calas, ¡ya tenemos excusa para volver…!

     En Ciudadela, el tiempo cambió radicalmente, amainó el viento y las olas desaparecieron, la tarde se quedó muy agradable para darse un baño y salir a pasear. Sobre las 6 de la tarde, después de dar un paseo por la ciudad, yo le dije a mi mujer: Debo estar un poco mareado de la travesía, porque parece que el suelo se mueve. Y sin darle más importancia, seguimos paseando por Ciudadela, una ciudad muy bonita y agradable. Serían las 11 de la noche, estábamos sentados en una terraza del puerto, cuando de repente empieza a desaparecer el agua del puerto, el nivel bajó unos dos metros en 5 minutos, nos quedamos todos sorprendidos con aquel fenómeno (sobre todo Bob, que nunca había visto nada igual), la gente del puerto también estaban sorprendidos y haciéndose fotos y bromeando (alguien se ha dejado abierto el desagüe, etc…). Empezamos a desarrollar teorías sobre lo que estaba pasando, pero no teníamos ni idea. Estábamos preocupados por la quilla de nuestro barco, si toca tierra se puede romper, pero afortunadamente, no fue así. Al cabo de otros 5 minutos, empezó a entrar agua en el puerto con una fuerza bestial, el nivel subió tanto que en algunos sitios llegó a rebosar, inundando parte del muelle. En ese momento se acabaron las bromas y empezaron las preocupaciones para la gente del puerto, nadie sabía qué estaba pasando, hasta que Bob recibió una llamada a su móvil, era Pili, se encontraba en el puerto de Maó y estaba viendo cómo, después de una ola gigantesca, se estaban hundiendo los barcos, que habían quedado destrozados, en su propio amarre había un barco hundido, la cresta de este “Tsunami” tardó 12 minutos en pasar y 5 horas en llegar desde Argelia, provocado por el terremoto. Mientras en el puerto de Ciudadela el agua continuaba subiendo y bajando y así se mantuvo durante la noche. Entonces me di cuenta de que no estaba mareado aquella tarde, sino que el suelo se movía de verdad. La prensa local del día siguiente decía que el terremoto había sido de 3 grados en la escala Richter en Ciudadela y que se habían hundido 170 barcos en Menorca, ¡vaya panorama!

     Continuamos nuestro viaje por la costa sur de la isla, mucho menos escarpada que la costa norte, parando en algunas calas para disfrutar del sol y el agua, en esta zona, se podían ver más viviendas de playa y algunos hoteles que desentonaban mucho en el paisaje. Llegando a Cala Coves, donde íbamos a pasar la noche, vimos la Cova d’en Xoroi, donde está la famosa discoteca, Bob nos cuenta que hay gente que se tira al agua desde la terraza (hay una altura considerable), para no pagar las copas. Cala Coves, es un lugar increíblemente hermoso, es una cala llena de cuevas trogloditas que hasta hace muy poco tiempo estaban habitadas por gente que tocaba instrumentos musicales (nos cuentan que era una delicia escucharlos desde el barco anclado en esta cala), vivían de los objetos que fabricaban y se bañaban desnudos en la playa, han estado allí muchos años, y no creo que molestasen a nadie, pero el ayuntamiento de turno ha clausurado las cuevas con unas puertas de hierro, y allí ya no vive nadie.

     Seguimos nuestra travesía por la costa meridional con rumbo a Maó, éste es nuestro último día de navegación, casi no teníamos viento y tuvimos que navegar con el motor, ya nos habíamos acostumbrado a las velas, y se echaban de menos. Por la tarde, llegamos a Maó, entrando por su gran puerto natural, empezamos a ver las consecuencias del tsunami, daba mucha pena ver los barcos hundidos y los destrozos en general, había varias grúas sacando barcos del agua, y en nuestro amarre, seguía estando el barco hundido, por lo que tuvimos que amarrar en otro lugar. Así terminó la navegación alrededor de Menorca. Nosotros pasamos 2 noches más en el barco (cortesía de Pili y Bob), porque teníamos billete de vuelta a Madrid para 2 días después.
Me gustaría desde aquí, dar las gracias de nuevo a Pili y Bob, por todas sus atenciones y su amabilidad con nosotros, nos han hecho pasar unas vacaciones inolvidables, y les deseo que su negocio y su velero vayan (con nuestra ayuda) a toda vela.
 

Alfonso Ayuso
Socio 590. Más información: www.menorcaenvelero.com

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