|
Todo
comenzó el primer Sábado de Febrero,
al salir de la piscina de Lago, me propusieron
recorrer La costa de Menorca en un velero. Habíamos
conocido a Bob (El patrón del velero) en
FITUR, visitando el stand de A.D.N. y parece que
allí nació la idea del velero naturista
en Menorca.
Al principio me
quedé un poco extrañado, apenas
nos conocíamos, pero la idea me gustó
mucho, y unos cuantos días después,
ya estábamos organizando las fechas, los
vuelos, etc. Sólo quedaba esperar…

¡Por
fin llegó el día! Y tras un agradable
vuelo y una desagradable azafata, allí
estábamos, los cuatro marineros novatos,
en Maó. Nada más salir del aeropuerto,
Pili y Bob nos estaban esperando, y tras una calurosa
bienvenida, nos llevaron al puerto donde estaba
amarrado el velero, para dejar el equipaje y tomar
un aperitivo que habían preparado. Esa
primera tarde, la dedicamos a comprar provisiones
y a pasear por Maó, ninguno de nosotros
habíamos estado antes en Menorca. La tarde
estaba nublada, esto nos hizo pensar que íbamos
a tener mala suerte con el tiempo, porque nos
comentaron que llevaba así toda la semana.
Y así, paseando, llegamos de nuevo a nuestro
velero. Una cosa que a todos nos llamó
la atención es que en Menorca todo lo encontrábamos
abierto, el velero abierto, los coches abiertos,
las casas con las puertas abiertas, está
claro que no tienen problemas de inseguridad ciudadana.
El día
siguiente (y los demás días también),
amaneció espléndido, un sol radiante,
el cielo despejado, y una suave brisa que invitaba
a navegar, y nada más llegar Bob al velero,
él nos sugiere los lugares que podemos
visitar, las calas para tomar el sol y bañarnos,
las pequeñas islas, las calas donde pasar
la noche, siempre dependiendo del viento y el
estado de la mar, pero siempre con acierto. Y
así empezamos a navegar, ninguno de nosotros
sabíamos nada de veleros, pero tras unas
nociones básicas y explicaciones que Bob
nos dio, allí estaba yo, en el timón
y los demás ayudando a Bob con las velas.
Parece mentira la velocidad que llevábamos
con tan poco viento. Mientras, Pili desde tierra
nos hizo unas fotos saliendo del puerto, ya estábamos
sin ropa, ¡qué sensación tan
agradable! Pusimos rumbo a la isla del Aire, y
una vez allí, y el barco anclado, empezamos
a disfrutar del agua, a mí me impresionó
el color azul turquesa del agua en zonas poco
profundas, nunca había visto nada igual,
te invitaba a zambullirte… Otra sorpresa,
el agua estaba a 20 grados aproximadamente, la
verdad es que esperábamos que estuviera
más fría. Así que terminamos
todos en el agua, y después de ponerte
las gafas de buceo y el tubo… ¡Qué
maravilla...!¡Qué fondo…!,
el agua es cristalina, había unos diez
metros de profundidad, y veíamos el fondo,
los peces de colores, alguna anémona, algas,
y hasta una medusa enorme que estaba a unos veinte
metros, daban ganas de quedarse allí. Al
salir del agua vimos que había llegado
otro barco, y también estaban desnudos,
el lugar invita…
Después de comer, fuimos a la isla
a ver unos lagartos pequeños que
existen sólo allí, que tienen
la particularidad de que son totalmente
negros, la isla estaba llena de lagartos.
El resto de la tarde, de vuelta a Maó
a pasar la noche en una cala cerca del puerto,
un lugar protegido.
El día siguiente,
lo dedicamos a descubrir la costa noreste,
rumbo a la isla Colom, donde fondeamos para
hacer una excursión a tierra, nadando,
y estar un rato en la playa. |
|
 |
Después
de una suculenta barbacoa en el barco, continuamos
navegando hacia Fornells, para pasar allí
la noche. Al llegar a Fornells, el servicio meteorológico
nos da malas noticias, se espera Tramontana esta
noche.
Después
de una noche muy movida, por la fuerza del viento,
bajamos a tierra para comprobar el estado de la
mar desde el otro lado de Fornells y tal y como
estaba la situación, decidimos no salir
a navegar. Pasamos la tarde en una cala, dentro
del puerto natural de Fornells, un lugar muy solitario,
donde sólo encontramos una pareja, eran
Franceses, muy amables por cierto. Volvimos al
puerto para pasar la noche, esperando que mañana
la mar estuviera más tranquila…
El día
siguiente, iba a ser un día inolvidable,
repleto de nuevas experiencias. Comenzamos el
día con el servicio meteorológico,
de nuevo malas noticias para nosotros, había
fuerte marejada a mar gruesa y viento de fuerza
6, yo no tenía mucha idea de lo que esto
significa, hasta que lo pudimos comprobar…
Bob nos recomendaba no salir a navegar, pero ya
estábamos un poco aburridos en Fornells,
y decidimos salir, entonces Bob nos advirtió
que si salíamos del puerto, no podríamos
regresar, con ese viento. La verdad es que todo
esto asustaba un poco, pero aun así, ¡allá
vamos! La salida del puerto, fue el peor tramo,
las olas eran de unos 3-4 metros y cada vez que
pasábamos una ola, nuestra compañera
de viaje gritaba una y otra vez y decía:
¡No lo puedo evitar, es como la montaña
Rusa! Al cabo de un rato, el cuerpo se acostumbra
a ese movimiento, y hay quien tiene humor para
ponerse a grabar vídeo, incluso Bob bajó
a la cocina para hacer café (aún
no me explico cómo, con ese movimiento…).
A la mitad de la travesía, Bob nos dice
(supongo que para dar ánimos) que si no
nos hemos mareado con esa mar, no nos marearemos
nunca en un barco, porque las olas allí
eran de unos 6 metros. Por fin llegamos a Ciudadela,
habíamos hecho la costa norte y parte de
la costa oeste en 5 horas, sin poder visitar las
calas, ¡ya tenemos excusa para volver…!
En Ciudadela,
el tiempo cambió radicalmente, amainó
el viento y las olas desaparecieron, la tarde
se quedó muy agradable para darse un baño
y salir a pasear. Sobre las 6 de la tarde, después
de dar un paseo por la ciudad, yo le dije a mi
mujer: Debo estar un poco mareado de la travesía,
porque parece que el suelo se mueve. Y sin darle
más importancia, seguimos paseando por
Ciudadela, una ciudad muy bonita y agradable.
Serían las 11 de la noche, estábamos
sentados en una terraza del puerto, cuando de
repente empieza a desaparecer el agua del puerto,
el nivel bajó unos dos metros en 5 minutos,
nos quedamos todos sorprendidos con aquel fenómeno
(sobre todo Bob, que nunca había visto
nada igual), la gente del puerto también
estaban sorprendidos y haciéndose fotos
y bromeando (alguien se ha dejado abierto el desagüe,
etc…). Empezamos a desarrollar teorías
sobre lo que estaba pasando, pero no teníamos
ni idea. Estábamos preocupados por la quilla
de nuestro barco, si toca tierra se puede romper,
pero afortunadamente, no fue así. Al cabo
de otros 5 minutos, empezó a entrar agua
en el puerto con una fuerza bestial, el nivel
subió tanto que en algunos sitios llegó
a rebosar, inundando parte del muelle. En ese
momento se acabaron las bromas y empezaron las
preocupaciones para la gente del puerto, nadie
sabía qué estaba pasando, hasta
que Bob recibió una llamada a su móvil,
era Pili, se encontraba en el puerto de Maó
y estaba viendo cómo, después de
una ola gigantesca, se estaban hundiendo los barcos,
que habían quedado destrozados, en su propio
amarre había un barco hundido, la cresta
de este “Tsunami” tardó 12
minutos en pasar y 5 horas en llegar desde Argelia,
provocado por el terremoto. Mientras en el puerto
de Ciudadela el agua continuaba subiendo y bajando
y así se mantuvo durante la noche. Entonces
me di cuenta de que no estaba mareado aquella
tarde, sino que el suelo se movía de verdad.
La prensa local del día siguiente decía
que el terremoto había sido de 3 grados
en la escala Richter en Ciudadela y que se habían
hundido 170 barcos en Menorca, ¡vaya panorama!
Continuamos
nuestro viaje por la costa sur de la isla, mucho
menos escarpada que la costa norte, parando en
algunas calas para disfrutar del sol y el agua,
en esta zona, se podían ver más
viviendas de playa y algunos hoteles que desentonaban
mucho en el paisaje. Llegando a Cala Coves, donde
íbamos a pasar la noche, vimos la Cova
d’en Xoroi, donde está la famosa
discoteca, Bob nos cuenta que hay gente que se
tira al agua desde la terraza (hay una altura
considerable), para no pagar las copas. Cala Coves,
es un lugar increíblemente hermoso, es
una cala llena de cuevas trogloditas que hasta
hace muy poco tiempo estaban habitadas por gente
que tocaba instrumentos musicales (nos cuentan
que era una delicia escucharlos desde el barco
anclado en esta cala), vivían de los objetos
que fabricaban y se bañaban desnudos en
la playa, han estado allí muchos años,
y no creo que molestasen a nadie, pero el ayuntamiento
de turno ha clausurado las cuevas con unas puertas
de hierro, y allí ya no vive nadie.
Seguimos nuestra travesía por la
costa meridional con rumbo a Maó,
éste es nuestro último día
de navegación, casi no teníamos
viento y tuvimos que navegar con el motor,
ya nos habíamos acostumbrado a las
velas, y se echaban de menos. Por la tarde,
llegamos a Maó, entrando por su gran
puerto natural, empezamos a ver las consecuencias
del tsunami, daba mucha pena ver los barcos
hundidos y los destrozos en general, había
varias grúas sacando barcos del agua,
y en nuestro amarre, seguía estando
el barco hundido, por lo que tuvimos que
amarrar en otro lugar. Así terminó
la navegación alrededor de Menorca.
Nosotros pasamos 2 noches más en
el barco (cortesía de Pili y Bob),
porque teníamos billete de vuelta
a Madrid para 2 días después.
Me gustaría desde aquí, dar
las gracias de nuevo a Pili y Bob, por todas
sus atenciones y su amabilidad con nosotros,
nos han hecho pasar unas vacaciones inolvidables,
y les deseo que su negocio y su velero vayan
(con nuestra ayuda) a toda vela. |
|
 |
Alfonso Ayuso
Socio 590. Más información: www.menorcaenvelero.com
|