Salimos del Puerto
de Barcelona, con tres de mis hijos y dos
de ellos se casarían en alta mar, con
todo el pasaje a bordo.
La preparación de las bodas, fue muy
bonita, pues hubo amigos que se ofrecieron
a ayudar a “vestir” a las novias
y peinarlas.
Un amigo peluquero, las peinó y entre
unas amigas maravillosas y simpáticas
nos pusimos a preparar la boda.
Los novios los tuvimos que echar de los camarotes,
pues no tenían que ver a las novias,
y se fueron a celebrar su despedida de solteros,
en los bares que las distintas cubiertas ofrecían.
Las novias llevaban unas flores en la cabeza
con un velo y un ramo de flores, que yo misma
diseñé, pues todo fue saliendo
según lo previsto.
Los novios se pusieron unas pajaritas como
traje, y los cuatro iban descalzos.
El lugar de la ceremonia fue la discoteca
del barco, y pudo asistir todo el que quisiera,
con el protocolo de ir desnudo.
Yo, la madre, llevé a los novios del
brazo y mi marido, el padre, a las dos novias.
Dos amigas fueron las damas de honor, y fueron
las que llevaron las colas del velo de ambas.
Entrando en la sala se oía tocar la
marcha nupcial, y los pelos se nos pusieron
de punta, pues fue muy emocionante. |
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El Capitán, Yoannis Natarakis, estuvo muy
simpático y un poco despistado, pues al llamarse
las dos novias Susana, casi casa a los dos hermanos:
pues mi hija y mi nuera se llaman igual.
Después de casarlos se dieron un beso interminable,
y una artista del crucero les cantó una canción
muy bonita para las dos parejas.
Hubo tirada de arroz, y vals incluido, aunque con
alguna dificultad pues el arroz les pinchaba los
pies.
Luego salimos por las cubiertas del barco en un
gesto de libertad y alegría disfrutando del
aire, del mar y con la emoción de ser las
primeras parejas nudistas que se casaban en alta
mar, rumbo a Cerdeña.
Por la noche fue la presentación del Capitán,
con foto incluida y ya nos tuvimos que vestir para
ocasión.
Cuando entramos en el salón para cenar, volvieron
a tocar la marcha nupcial, con aplausos de todos
los asistentes, y nos pusieron en una mesa reservada
para la ocasión con botellas de cava de regalo,
y un corazón enorme, con dos palomas blancas
encima; pues toda la tripulación se comportó
fenomenal con todos.
Éste fue un crucero inolvidable para el resto
de nuestros días, pues las personas que conocimos
y las que ya éramos amigos fuimos como una
familia, y el agradecimiento por el cariño
con que nos trataron, quedará en el fondo
de nuestros corazones.
Gracias por haber compartido con nosotros este momento,
y un fuerte abrazo para todos.
Con cariño, María del Carmen y Miguel
Ángel.
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DE VÍDEOS DE ADN |
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